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PUEBLA  
 

¡Por piedad, que alguien audite al auditor!

Alejandro Rodríguez Ayala
Algo anda mal, pero muy mal, en el Órgano de Fiscalización Superior del Estado de Puebla (Orfise). Apenas pasado el periodo vacacional, el flamante auditor mayor llegó con la espada desenvainada y se puso a cortar cabezas. ¿No que no habría ningún recorte, don Víctor Manuel Hernández Quintana?, ¿no se cansó de repetir eso a la prensa? En fin, allá usted y su conciencia, pues entendemos perfectamente qué si algo tiene que hacer es pagar facturas a los grupos que lo apoyaron para agarrar el hueso.

 

 


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¡Y vaya qué si Hernández Quintana tiene a quién pagarle! De entrada, a su tocayito Víctor Manuel Sánchez Ruiz, contralor del gobierno del estado –¿alguien podría explicar qué ha hecho este individuo por el bien de Puebla en los últimos dos años?–, y a el empresario Rafael Moreno Valle Sánchez, quien vive de las viejas glorias del futbol. Ambos lo colocaron en el Orfise, incluso con el apoyo de la Universidad Autónoma de Puebla.

El primer pago de factura fue al coordinador administrativo Armando Sánchez Nava, exfuncionario del  Instituto de Seguridad Social al Servicio de los Trabajadores de Puebla y hermano de Alfredo Sánchez Nava, quien trabaja en el Tribunal de Justicia. Es también esposo de una servidora pública del Instituto Electoral local, yerno de una exempleada de Finanzas, y contratado a sugerencia de, faltaba más, un tal contador Albicker, auditor externo –como lo fue Hernández Quintana– del Orfise.

Lo más penoso es que el contralor en su afán por limpiar la casa, para incluir a sus recomendados, le solicitó a buena parte de los trabajadores de primer nivel que firmaran su renuncia. Su gente se molestó en redactarla dejando espacios en blanco para que cada quien incluyera su nombre y su puesto. Aunque eso sí, la mañosa carta hecha por los chavos de Hernández Quintana está fechada el 31 de julio y dirigida al excontralor José Doger Corte. Extrañamente lleva una copia para el nuevo auditor general, ¿alguien entiende?

No hay duda. La primera auditoría que debe realizar el nuevo Orfise debe ser a ellos mismos, pues además del anómalo documento con las renuncias prefechadas, pagaron a todos los “renunciados” la primera quincena de agosto.

Javier Lozano, lo enfermo. Uno menos

Zhenli Ye Gon, el chino de los millones de dólares, logró sin pensar lo que muchos de los suspirantes poblanos a la gubernatura deseaban: acabar de un solo golpe con quien sería en tres años el gallo de Felipe Calderón para suceder a Mario Marín.

Créalo, la acusación indirecta de Ye Gon a Javier Lozano Alarcón la agradecen por igual panistas que priistas. ¿O no es así, Rafael Moreno Valle, Enrique Doger, Javier López Zavala, Toño Sánchez Díaz de Rivera (si gana) y Jorge Estefan Chidiac? Pues no es lo mismo llegar a la contienda sin mayor padrino que la experiencia, que con la bendición del santo presidente, tal y como ocurría en los viejos años del familión revolucionario.

En fin, pobre Javier Lozano, apenas comenzaba a vivir su sexenio dorado. Hoy resulta que la amenaza que le hizo al chino es su epitafio de su carrera política: “O cooperas, o cuello”. La carrera del expriista –quien habría aprendido bastante bien las artes de sus excompañeros– parece estar muerta.

El político no olvidará este año chino del cerdo. No lo defendieron sus nuevos compañeros de partido y, dicho sea de paso, lo quitaron del camino en su avidez por ser candidato a la jefatura de gobierno del Distrito Federal. Al amigo del presidente sólo le queda esperar que sus abogados en Washington lo despierten de esta pesadilla oriental.  

Jiménez Merino, el cosecha riquezas

Pasa inadvertido para muchos, y eso lo ha aprovechado bastante bien.

Fanático del bajo perfil, Alberto Jiménez Merino, es un lobo vestido de oveja. Y si no lo cree, pregúntele a los proyectistas a los que, nada más por sus pistolas, no les quiere pagar, les dice que le hagan como quieran y que no tiene dinero. Ah, pero eso sí, el secretario de Desarrollo Rural ya acabó de pagar una serie de pozos inconclusos, de lo que claro se lleva su tajada, y de las buenas.

En la próxima entrega de Contralínea Puebla vamos a documentar las anomalías en las que ha incurrido este funcionario que ha sido, junto a sus amigos y parientes, uno de los principales beneficiarios del pobre campo poblano, este campo para el que, juró el gobernador Mario Marín, sería su sexenio.

Aunque eso sí, no contaba con la astucia de Jiménez Merino.

 

Publicado en: Septiembre 2007 / Año 1 / Número 9



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